domingo, 29 de mayo de 2011

Los mineros que nunca salieron

Punto y Coma. El Cerro Rico de Potosí fue la mina de plata más grande del mundo, al punto que esa ciudad, al sur de Bolivia, llegó a tener más habitantes y riquezas que París. Hoy, los mineros bolivianos siguen explotando los despojos minerales para subsistir, en el interior de una montaña que se tragó la vida de millones de indígenas. Un recorrido por la montaña emblemática del saqueo colonial, que se ha convertido en destino turístico. Crónica de un viaje de 46 horas desde La Paz hasta el Litoral.
Eliezer Budasoff
De la Redacción de UNO

 
El cerro Rico de Potosí, al sur de Bolivia, es un queso gruyere: una montaña con más de 400 accesos por donde ingresan cada día entre 8.000 y 14.000 mineros. Todos adentro picando las paredes para exprimir los filones de vetas de mineral. Plata y zinc, a veces también estaño.

En el corazón del cerro siempre hay riesgo de derrumbes, pero los mineros bolivianos tienen un método para prevenirlos. Los viernes por la tarde, antes de regresar sucios y agotados pero aún vivos a sus casas, pasan a compartir unos tragos de alcohol con el “Tío”; le ofrecen tabaco y hojas de coca, le dan las gracias por la producción y por haberlos protegido toda la semana en el interior de la montaña. El “Tío” es una estatua de cemento con forma de diablo, pintada de rojo, con un pito gigante. Es el dios de los mineros. “No hay nadie más que les pueda cuidar de los derrumbes”, dice Johnny, el guía del grupo, mientras enciende un L&M y lo pone en la boca del diablo para ver si somos bienvenidos.

El diablo fuma, Johnny habla. Johnny era minero pero ahora es guía. Usa pañuelo, mastica coca, habla mucho: tiene un amplio repertorio de palabras en inglés y de chistes sexuales que utiliza cada vez que puede durante sus explicaciones, aunque siempre le salen de un modo forzado, o los dice con el rostro tenso y la mirada ansiosa, de tal modo que todos nos ponemos un poco incómodos, sonreímos y bajamos la vista cuando lo hace, como en este momento que dice que necesita tres mujeres vírgenes para completar los sacrificios para el “Tío”, y después le pregunta a cada una de las chicas del grupo si es virgen, mientras las mira fijo, y sus ojitos le brillan, iluminados por la luz de nuestros cascos. En el grupo hay tres franceses, una pareja de alemanes, una suiza, una brasileña y un argentino. La excursión por las minas es larga.

Johny se divierte.

–Primero hacemos la explicación, y después vienen las fotografías, ¿ok? –dice Johny, y mira al francés, que todavía está parado –Tome asiento ahí, mi amigo, no es un hotel cinco estrellas, por eso les dimos las chaquetas que son impermeables…

–¿Y a las mujeres las sacrifican de verdad? –pregunta la suiza.

–Pues a veces les sacrificaban, pues a veces. Eso no es broma, eso es en la vida real, señorita. Pues ahora en el siglo 21 es casi inhumano hacer ese tipo de ofrendas. Y este tiempo es difícil de poder encontrar mujeres vírgenes…

La excursión a una de las minas cooperativas del cerro Rico, con guía en español, nos costó 60 bolivianos a cada uno. Son unos 35 pesos argentinos, y el precio incluye el equipo: pantalones y camperas impermeables, botas, cascos con luz. Es un recorrido de medio día que comenzó hace casi dos horas, temprano, con un grupo grande de personas cambiándose en el patio de un hostel de Potosí. La mayoría de la gente que viaja a la Villa Imperial de Potosí, que está entre las tres ciudades más altas del mundo, quiere ir a conocer el trabajo en las minas, que es como ir de excursión a cualquier sitio donde se hace trabajo esclavo, donde se sabe que las condiciones son terribles y la realidad es deprimente, sólo que en este caso los mineros bolivianos vendrían a ser esclavos de una historia de saqueo brutal, pero ya no hay nadie que los azuce con la espada.

“Los amigos españoles (sic) llegaron pues un 1 de abril de 1545. En el año 1555, 1560, se va implantando la ley de la mita. La ley de la mita es el trabajo forzado para el hombre indígena: cuatro meses sin poder salir al exterior de la montaña. Cuatro meses sin poder salir del interior, chicos. Mediante la ley de la mita, el hombre indígena solamente podía salir el día jueves a recabar un poco de alimento. En síntesis, que durante un mes el hombre indígena podía salir a ver el sol solamente cuatro veces”, dice Johny, y cita un texto que resume la historia con eficacia: “De Potosí a España, un puente de pura plata. Y de retorno de España a Potosí, un puente de esqueletos humanos”. Se estima que ocho millones de indígenas murieron en el interior de esa montaña durante la colonia.

“Allá en la época colonial”, escribió Eduardo Galeano, “la plata de Potosí fue, durante más de dos siglos, el principal alimento del desarrollo capitalista de Europa. ‘Vale un Potosí’, se decía, para elogiar lo que no tenía precio. A mediados del siglo dieciséis, la ciudad más poblada, más cara y más derrochona del mundo brotó y creció al pie de la montaña que manaba plata. Esa montaña, el llamado Cerro Rico, tragaba indios”.


El agujero interior
El recorrido por las minas de Potosí es efectivo para ilustrar la historia: es como ir a ver en vivo, con adaptaciones, una obra trágica que lleva reproduciéndose 500 años debajo de la tierra. Ese es uno de los principales argumentos que utilizan los turistas europeos que necesitan justificar su visita a las minas: el valor testimonial, dicen, la elocuencia didáctica de la experiencia. Hay quienes deciden que no deben ir por “cuestiones éticas”. No les choca el abismo entre sus presentes; les choca el modo en que los interpelan las agencias de turismo para que vayan, las descripciones que revelan ese abismo: “Es un tour de aventura y cultura que mezcla emoción, mitos, leyendas, costumbres, supersticiones y tradiciones que aún existen en este mundo subterráneo”, dice una. Sí, si se considera a la tristeza como emoción, el despojo como tradición, y la aventura pasa por someterse, durante algunos minutos, a las mismas condiciones de seguridad a la que se someten diariamente los mineros: ninguna.

La primera parada que hacemos al salir del hostel es en el mercado minero, el único en el que se puede comprar libremente dinamita. Allí se venden todos los materiales necesarios para la explotación de los filones, y Johnny invita a cada uno a que lleve una especie de “combo” de regalo para los mineros que incluye hojas de coca, tabaco negro, catalizador, y una gaseosa. “Aparte de que es una visita turística es una visita social: no podemos llegar con las manos vacías a los amigos mineros, no es un montaje eso que nosotros vamos a ver”, dice, y después nos hace probar el alcohol potable “de 96 grados de puro alcohol” que es el que toman los mineros. “Si quieren llevar un poco de alcohol el precio es 10 bolivianos. Si gustan dinamita es un valor de 20 bolivianos”. La minivan en la que vamos arranca otra vez. La mayoría de los pasajeros son israelíes y europeos, y hay un porcentaje mínimo de sudamericanos. Todos llevamos bolsitas de regalo. Los israelíes son los únicos que además compraron dinamita: se dice que al final del tour, los guías van a hacer explotar un cartucho para diversión del grupo.

Antes de ingresar al interior de la montaña, Jhonny reúne a su grupo afuera.

–¿Cuál es la esperanza de vida en Francia? –pregunta.

–76 años –responde Samuel –76 para los hombres y 79 para las mujeres.

La ronda de preguntas sigue por países: “¿Y en Argentina?”. “75”. En Brasil lo mismo. En Alemania, igual que en Francia. “Lamentablemente”, dice, “la esperanza de vida del hombre minero es de 45, 50, máximo 55 años, porque empiezan a trabajar a una edad temprana, muy rápido”, y explica que algunos empiezan a trabajar allí desde los 14, aunque la Ley del Código Minero establece un mínimo de 18 años, “pero quién hace el control acá”. La introducción de Johnny evita confusiones románticas sobre el sistema cooperativo de explotación de las minas, o sobre el futuro inmediato. Vamos a ver en tiempo real como reducen su expectativa de vida los mineros bolivianos, paradójicamente, con el fin de subsistir, y el recorrido le da la razón: en medio de la montaña nos cruzamos con un niño de 13 años con casco y con pico en la mano. Ese día no había colegio, aclara el padre, y como cada día que no hay escuela su hijo fue a ayudarlo con su tarea cotidiana, para ir aprendiendo el oficio.

El interior de la mina no tiene misterio, pero produce un asombro primitivo. Las cosas siempre pueden ser peor que en la imaginación: el aire es más escaso, las paredes más estrechas, el suelo más húmedo, las instalaciones para subir o bajar son menos que precarias, inexistentes, como la luz. Nos guían las lámaparas de los cascos y la voz de Johnny, que nos lleva a la cueva del “Tío” para ver si somos bienvenidos. La aparición del Tío, explica Johnny, es el resultado de un descenso de producción en la minería que se da alrededor de 1570, cuando los indígenas asumen que nadie los controla en el interior de la montaña, y se rebelan contra los españoles disminuyendo su trabajo. “Nosotros los quechuas, tendíamos a ser politeístas, creer en varios dioses: el sol, la luna, la pacha mama, etcétera. Entonces el español introduce un dios a imagen y semejanza se puede decir, pero con el rostro diabólico, para hacer atemorizar al hombre indígena. Y de nuevo se vuelve a generar el trabajo en la mina. Pero pasa un tiempo y el hombre indígena también se da cuenta que este dios no era malo, porque compartía las penas con ellos. Y hasta ahora sigue compartiendo las penas el hombre minero con él”. El vocablo “tío” deriva de “dios”, cuenta, palabra que los quechuas no conseguían pronunciar porque en su lengua no existe la consonante “d”. Entonces primero fue “tíos”, y finalmente se convirtió en “tío”.

Después de la explicación Johnny se levanta, y se acerca al diablo: “Al Tío le gustan los rubios”, dice y señala el cigarrillo consumido. Eso debería ser una buena señal, pero a esta altura ya nadie está muy convencido de querer estar ahí: ahora sólo queda seguir adentrándose en la montaña. Compartir por unos minutos las penas, y después volver a casa.

martes, 10 de mayo de 2011

El 75% de los productores del país utilizan plaguicidas altamente tóxicos


“Más del 75% de los productores utilizan plaguicidas clasificados como altamente tóxicos”, afirma Omar Huici, agrónomo de Plaguicidas Bolivia, en su artículo “Los plaguicidas y sus repercusiones en la salud y el ambiente” inserto en el libro Estado Ambiental de Bolivia 2009 - 2010 publicado por Lidema.

“Más del 85% de los agricultores no respetan las dosis recomendadas, ni la frecuencia, ni el equipo de protección recomendado en la utilización de plaguicidas”, acota Huici.

Los principales plaguicidas utilizados en Bolivia son los Carbamatos y Organofosforados, clasificados como altamente tóxicos, señala Huici a tiempo de asegurar que “cerca de 500 toneladas de plaguicidas obsoletos como los organoclorados están distribuidos en los nueve departamentos de Bolivia”, acota la publicación de Lidema.

La utilización inadecuada de plaguicidas puede desarrollar resistencia en las plagas que intenta eliminar, además pueden llegar a afectar a organismos útiles al hombre lo que puede causar el brote de plagas.

“A pesar de que en nuestro país se cuenta con normas que regulan el uso, manejo y comercialización de plaguicidas de uso agrícola, por las limitaciones humanas, geográficas y económicas, el control no es el adecuado, principalmente en los centros de comercialización medianos y ferias rurales”, asegura Huici.

Por otra parte, “no se cuenta con una instancia ambiental que evalúe, controle y monitoree los efectos de la aplicación de plaguicidas”, sentencia el técnico de Plagbol.
Lic. Edwin Alvarado Terrazas
COORDINADOR NACIONAL PROGRAMA DE
CAPACITACIÓN Y COMUNICACIÓN – LIDEMAedwin@lidema.org.bo * www.lidema.org.bo
Telfs: (591-2) 2418060 - (591-2) 2416044 - (591-2) 2419393
Cel: (591) 71711523 - (591) 77555204

Lidema oficial

miércoles, 4 de mayo de 2011

Apoyan necesidad de pausa ECOLÓGICA forestal en Chuquisaca

“Si consideramos que en Bolivia anualmente se deforesta más de 400.000 hectáreas entre los departamentos del oriente, Chuquisaca y Tarija con los mayores porcentajes, además de los incendios que, en 2010, han llegado incluso al área protegida de la Serrania del Iñao, consideramos que declarar una pausa ecológica forestal sería una medida acertada y muy importante para conservar la riqueza forestal de nuestro departamento”, aseguró René Arancibia Mamani, Coordinador Departamental de la Liga de Defensa del Medio Ambiente, Lidema, en Chuquisaca.
Arancibia recordó que Bolivia está entre los 15 países con mayor megadiversidad en el mundo, incluyendo especies forestales muy valiosas como es la quina,  pino de monte, nogal, cedro, cedrillo, arrayán, lapacho, timboy, mara, quebracho y otros característicos de la zona del chaco chuquisaqueño, que en otros países tienen un alto valor económico. “Con mucha preocupación se ve salir de la zona en grandes cantidades y muchas veces sin el control por parte de la autoridad competente, en algunos casos por la poca capacidad económica y en otros por la inaccesibilidad a los ecosistemas ricos en estas especies”, aseguró.
“La mayor preocupación en nuestro departamento son los altos índices de deforestación, incendios forestales y la perdida de cobertura vegetal, y sin embargo no se tienen índices de forestación o reforestación, no sólo en el chaco; sino en todo el departamento”, aseguró.
Para el coordinador de Lidema, la deforestación es la mayor enemiga de los bosques, y por ende, principal causa del calentamiento global, porque constituye una amenaza al estado del ambiente por las consecuencias que trae. “No olvidemos que la deforestación trae consigo la pérdida de cobertura vegetal, la destrucción de hábitats naturales de animales, que en algunos casos ha costado cientos y hasta miles de años en formarse, y trae consigo la desertificación de suelos, problemática en la cual Chuquisaca se encuentra en los primero lugares a nivel nacional”, acotó.
De proponerse una pausa ecológica forestal en la zona del Chaco Chuquisaqueño, tendría un total apoyo y reconocimiento, aseguró, consultado sobre el hecho de que un miembro de la Asamblea Departamental estuviera realizando gestiones acerca del proyecto de ley que busca la pausa ecológica en el departamento.



Lic. Edwin Alvarado Terrazas
COORDINADOR NACIONAL PROGRAMA DE
CAPACITACIÓN Y COMUNICACIÓN – LIDEMAedwin@lidema.org.bo * www.lidema.org.bo
Telfs: (591-2) 2418060 - (591-2) 2416044 - (591-2) 2419393
Cel: (591) 71711523 - (591) 77555204

Lidema oficial

sábado, 19 de marzo de 2011

Desastres ambientales incrementarían la migración campo-ciudad. Evalúan daños por desborde de río Desaguadero

Estimad@s amig@s de la red Nacional de Periodistas Ambientales de Bolivia,

Acaban de dar a conocer los resultados de la evaluación de los impactos del desborde del río Desaguadero en Oruro. Por su importancia compartimos la información para su difusión.

Agradecemos, como siempre, su apoyo en la difusión. Reciban un abrazo,

Lic. Edwin Alvarado Terrazas
COORDINADOR NACIONAL PROGRAMA DE
CAPACITACIÓN Y COMUNICACIÓN – LIDEMAedwin@lidema.org.bo * www.lidema.org.bo
Telfs: (591-2) 2418060 - (591-2) 2416044 - (591-2) 2419393
Cel: (591) 71711523 - (591) 77555204

Lidema oficial

Desastres ambientales incrementarían la migración campo-ciudad
Evalúan daños por desborde de río Desaguadero
 “Las pérdidas a consecuencia del desborde del rió Desaguadero alcanzan al 90% de la producción de alfares, un 40% de las viviendas quedaron en el medio del agua, igual que establos derrumbados con animales muertos, y el 50% de la forestación se perdió por derrumbe de sus protectores y por exceso de agua”, informó Elizabeth Callisaya, Coordinadora del Proyecto de Seguridad Alimentaria de Pastoral Social Caritas Oruro, al cabo de una evaluación de impactos realizada a solicitud de autoridades y comunarios del lugar.
“El desborde ha provocado también el derrumbe de seis de los once módulos productivos o carpas solares en construcción, lo que sumado a fenómenos climatológicos extremos anteriores como fuertes sequías y heladas frecuentes ha hecho que muchas familias se vean más empobrecidas y piensen en abandonar por completo el campo, porque este desborde fue devastador para sus medios de vida, señaló por su parte Jhonny Angulo, técnico del proyecto.
En el sector afectado por el desborde del río Desaguadero existen 16 comunidades, de las cuales las más afectadas fueron Villaicoya, Villa Ventilla, Rancho Choque, Rancho Caracila, Rancho Rufino, Sora Chico y Santo Tomás, en Challacollo, y Ñequejawira del municipio de El Choro, complementó por su parte Iris Flores, Coordinadora Departamental de la Liga de Defensa del Medio Ambiente, Lidema, en Oruro.
“Estas familias perdieron grandes extensiones de siembra de alfares, quinua o papa, y lo que hace aun más dramática su situación es la perdida de sus viviendas, ya que muchas de las familias se vieron obligadas a buscar lugares altos para resguardarse, y, algunos de ellos tuvieron que alojarse con familiares e incluso pagando alquiler para ellos y su ganado”, aseguró Roxana Gutiérrez, Directora de Caritas.
“Para aliviar de algún modo la situación, estamos gestionando un proyecto de ayuda humanitaria y rehabilitación que se espera las próximas semanas sea aprobado por la entidad financiadora”, concluyó.
P1030181 

Cuando ha llegado el agua no podía creer, porque a nuestra comunidad desde que tengo uso de razón nunca llego el agua”. “…no podía creer ver mi casa en el medio del agua tanto que me costo tuve que vender mis ovejas para hacerme construir, pero no podíamos hacer nada, mis arbolitos estaba tan lindo verde, todos nuestros sueños con mi esposo deshechos…” son testimonios de los comunarios afectados por la inundación causada por el desborde del rió Desaguadero.

P1030190 

lunes, 14 de marzo de 2011

Uranio y agua de Bolivia para Irán

Abraham Ender


"Bolivia tiene una cama de uranio, pero el gobierno ha clasificado la información como ‘reservada’", Mohamed El-Baradei, Director General de la International Atomic Energy Agency (IAEA), 28/3/2009.

Las industrias “sucias”

Entre tú y yo, ¿no debería el Banco Mundial ser impulsor de una mayor migración de las industrias sucias a los PMA (países menos desarrollados)? Yo puedo pensar en tres razones…" Así comenzaba el hoy tristemente célebre Memorandum del entonces Vicepresidente de Desarrollo Económico y Jefe de Economistas del Banco Mundial (BM), Lawrence H. Summers.
La lógica que seguía Summers era implacable. Sostenía que los países menos poblados estaban ‘sub-contaminados’ (sic) y que la calidad del aire "era ineficiente" respecto de Los Ángeles o México DF. Por tanto, era un buen negocio para unos y otros trasladar las industrias contaminantes a estos países. Tenía una razón aún más elocuente: la preocupación por un agente contaminante que produce cáncer, es mucho más alta en un país donde la gente debe convivir con el cáncer a que un país donde la mayoría de las personas, morirá antes que el cáncer llegue a desarrollarse. Las emisiones de CO2 no se reducen, simplemente cambian de sede. Los muertos por cáncer, también.
Lawrence Summers fue un visionario; lo que propuso como regalo de navidad para los países sub-contaminados, pobres y con aire limpio al divino botón (‘aire ineficiente’), en ese diciembre de 1991, 20 años después es una realidad bastante más entramada que las tres sencillas razones que entonces esgrimió.
El traslado de las industrias se ha efectivizado de varias formas, una de las más controvertidas es sin duda, la industria minera a cielo abierto o mega-minería que, sumada al desarrollo del concepto ‘huella de agua’ (footprint, en inglés) de los productos y servicios, permite evaluar los efectos de la propuesta de Summers.
No solo se traslada la contaminación, sino también la producción de bienes y servicios que mayor cantidad de agua utilizan a lo largo de la cadena productiva. ¿El motivo?, preservar los recursos hídricos de los países desarrollados y con capacidad de importar esos bienes y servicios que ofrecen los PMA a precios menores. Una variante sofisticada de lo que Summers propuso hace 20 años. La explotación del uranio en Bolivia, asume ambas características. Lo curioso es que el principal beneficiario sería un país catalogado PMA: Irán.

Uranio en Bolivia

Explotar uranio en Bolivia para exportar a Irán, presupone contaminar recursos hídricos claves del país para que el tercer exportador mundial de petróleo, consuma una supuesta ‘energía limpia’ (energía nuclear). Pero un tercio del territorio iraní[1], recibe una óptima radiación solar con un rango de incidencia estimado por sobre los 2.600 kWh/m2, que lo hace idóneo para disponer de energía solar, a la sazón, más segura, económica y limpia que la nuclear.
A estas consideraciones, aún hay que sumar la más candente de todas: ¿están dispuestos a pagar, los Pueblos Indígenas y los agricultores de Bolivia y los países vecinos, el precio de la contaminación radiactiva?

Cifras del uranio en Bolivia

Según el ingeniero geógrafo Marco Montoya, existen "100.000 hectáreas de yacimiento que se las puede trabajar a cielo abierto" con una reserva probada mínima de 140.000 toneladas de uranio de alta ley. (El Deber, 30/8/2010). Este yacimiento se extendería hacia el sur, siguiendo la Cordillera de los Frailes, hasta llegar al salar de Uyuni, donde se concentran más de la mitad de las reservas mundiales de litio y que serán explotadas por Irán.
De acuerdo al mismo estudio -efectuado por el Servicio Geológico de EEUU-, en Bolivia, además del depósito en Potosí, existe otro en el Cerro Manomó, en Santa Cruz.

Uranio en el Occidente boliviano y la cuenca del Poopó y Pilcomayo

En lugar exacto donde se concentran las formaciones de uranio se instalará una fábrica de cemento, que aprovecharía la piedra caliza potosina, según los convenios firmados con Irán. Allí corren las aguas del río Marques, Sevaruyo y Coroma, que desaguan en el lago Poopó (Oruro) cuya área de captación abarca unos 22.000 Km2. Otros innumerables ríos pequeños nacen de la Cordillera de Los Frailes y son afluentes de los ríos mencionados. Sobre la ladera oriental de dicha cordillera, muchos otros, sirven de afluentes al río Pilcomayo, que forma parte de la cuenca Paraná – Plata y es frontera natural entre Argentina y Paraguay. A lo largo de dicha cuenca habitan aproximadamente un millón 500 mil personas (un millón en Bolivia, 300 mil en Argentina y 200 mil en Paraguay).
La contaminación por la explotación del uranio de Los Frailes, heriría de muerte tanto a la cuenca del Poopó como a la del Pilcomayo.

Uranio en el oriente, cuenca Amazónica y Bosque Seco Chiquitano

Más grave aún, podría ser la explotación de uranio en el Mamonó, al este del país, cerca de la frontera con Brasil. Situado a lo largo del Parque Nacional Noel Kempff Mercado y del Bosque Seco Chiquitano, que forma parte del ecosistema El Pantanal, su explotación podría derivar en una verdadera catástrofe eco-ambiental en cadena, que afectaría las ricas y productivas Tierras Bajas del este, la provincia hidrogeológica Chaco-Beni (la más importante del país) y la cuenca del Paraguá, que lleva sus aguas a la cuenca del Amazonas.

Agua y Uranio, matrimonio imposible

La ‘Huella hídrica’ o ‘Huella de agua’ de un individuo, comunidad o producto, es un indicador geográfico que mide cuánta agua utiliza y cuánta contamina un producto durante toda la cadena de producción. La huella hídrica de un producto tiene tres componentes: la huella de agua azul (aguas superficiales y subterráneas), agua verde (agua de lluvia almacenada en el suelo, etc.) y gris (agua contaminada). En todos los casos, también se mide el consumo directo e indirecto de agua.

La huella de agua del uranio

Según un estudio realizado P.W. Gerbens-Leenes, A.Y. Hoekstra y Th. H. van der Meer, la huella promedio de agua del uranio es de 0,09m3 por GigaJulio producido. Para aclarar las cosas, 1GJ equivale a 270 Kw/h, mientras 1m3 de agua es igual a 1000 litros. Así las cosas, la huella de agua del uranio es de 90 litros de agua por cada 270 Kw/h de electricidad. El estudio no aclara si dicha huella fue mensurada a partir del reciclado de uranio (armas nucleares destruídas) o partiendo de la explotación del mineral. Otros estudios dan cuenta que, el agua que se utiliza para obtener uranio, ronda los 500 litros por segundo, consumo elemental registrado en la lixiviación en explotaciones mineras semejantes.

Cómo se explota el uranio

Para poder realizar el cálculo de la huella hídrica del uranio en Bolivia, es menester comprender cómo se explota el uranio a cielo abierto. Diseminado en grandes extensiones, se dinamitan las áreas donde ha sido detectado, removiendo la capa superficial de la tierra y pulverizando las rocas para hacer accesibles los yacimientos.
El mineral triturado es rociado con millones de litros de agua mezclada con toneladas de una solución de ácido sulfúrico (lixiviación), que permite separarlo de otros minerales. La lixiviación es un sistema de riego que dispersa la solución química a 0.005 galones por minuto por pie cuadrado (929 cm2). Para una superficie pequeña (de 200 por 200 pies ó 3696 m2), esta velocidad equivale a 200 galones por minuto (757 litros). Para la superficie declarada por Montoya (100.000 Ha) se utilizarán casi 205 millones de litros por minuto, solo en el lixiviado.
Este método de extracción, genera contaminación múltiple. A la decantación de metales pesados en los acuíferos aledaños a la explotación, hay que sumar los drenajes ácidos, incluso a través de las membranas plásticas de los diques de colas que la ‘sopa química’ corroe y que luego contaminarán las aguas subterráneas. Por último, el polvillo en suspensión producto de las voladuras, que contiene uranio y otros minerales altamente contaminantes, llevado por el viento, se deposita en cultivos y aguas.
Por cada tonelada[2] de uranio natural se generan: 3.700 litros de residuos líquidos que viajan a través de ríos y arroyos o se afincan por décadas, siglos y milenios, depende el caso, en las napas subterráneas; cien toneladas de residuos como radio, torio, protactinio, plomo, polonio, cromo, vanadio, molibdeno, cobre, níquel, cobalto, hierro y toneladas de compuestos químicos como ácido sulfúrico, isodecanol, bióxido de manganeso, etc., que emiten radiaciones ionizantes alfa, beta y gamma, altamente peligrosas y gas como el radón 222. El suelo permanecerá contaminado hasta mucho tiempo después que la mina haya dejado de operar.
En algún margen que aún quede libre, será menester anotar que cada metro cúbico de concentrado, contiene minerales con mayor valor de mercado que el uranio, como molibdeno, renio o las llamadas “tierras raras” y que por ello, casi nunca son declarados. Se trata de metales críticos y estratégicos, por ejemplo, para la industria de las telecomunicaciones o la aeronáutica.
Las empresas mineras dedican plantas especiales para su recuperación con el consiguiente uso de agua. Estos productos asociados al uranio, poseen una huella hídrica oculta que, al no ser contabilizada, provoca un desequilibrio en el balance hídrico de los países exportadores, amén de una contaminación clandestina.

Del mineral a la energía nuclear: más agua y agua pesada

El uranio llega a la central nuclear como yellow cake (torta amarilla, por su forma y color). Allí, se lo convierte en UF6 (hexafluoruro de uranio), con el fin de enriquecerlo (isótopo 235) y obtener UO2 (dióxido de uranio).
Algunos reactores nucleares necesitan agua pesada pura para poder funcionar. El agua pesada existe en la naturaleza (mares, lagos y ríos), aunque en proporciones muy pequeñas; de cada 10.000 litros de agua, aproximadamente 1 litro y medio es agua pesada y se la extrae mediante plantas industriales. Hasta aquí, el principal insumo de la minería del uranio, es el agua.

¿La guerra del uranio?

Frente a una cada vez mayor presión sobre los recursos hídricos, y de cara a las metas del milenio, la pregunta es, ¿dónde obtener agua para producir más alimentos?
En Bolivia, igual que en otros países, se observa una creciente competencia por el uso múltiple del agua. La demanda agrícola, doméstica e industrial, ya no están separadas geográficamente como antes. Por ejemplo, el uso minero y el uso para riego se superponen tanto en la cuenca Endorreica como en las cuencas del Pilcomayo y del Amazonas. Si la contaminación importa poco, ya que la mayoría no vivirá para que el cáncer llegue a desarrollarse o de lograrlo, tal vez nunca sabrán que lo han contraído; quizá sí importe comprender que la contaminación de la cuenca endorreica significará agua contaminada para el riego de las 13.000 TM de quinua que Bolivia exporta a la UE y EEUU. Sin mencionar que el polo soyero Sudamericano, utilizaría para riego las aguas del Paraná pero contaminadas por el Pilcomayo; o los estragos en la cuenca Amazónica, contaminados por el Paraguá. Entonces, aquel título de The Economist, "Démosle de comer contaminación" (Febrero 2002) cuando filtrara el memo de Summers, sería una realidad a la inversa y los países PMA, exportarían alimentos regados con aguas contaminadas al primer mundo.
Al extraer uranio, está claro que no se explota un recurso natural no renovable, sino que se está devastando bienes comunes: agua, suelos y biodiversidad. Transformar Bolivia en un desierto y contaminar las dos cuencas principales de Sudamérica para que Irán tenga energía nuclear, ¿será un buen negocio?

La política del uranio de Irán en Bolivia

El país de Mahmud Ahmadineyad tiene gran interés en el uranio boliviano, según se percibió durante la visita del ministro iraní de Industria y Minas, Ali Akbar Mehravian, el 2 de septiembre de 2010. En esa oportunidad, la ministra de Planificación del Desarrollo, Viviana Caro, dijo que “hay intenciones de realizar trabajos de prospección” sobre uranio y para ello hace falta una “carta geológica en la que colaborará Irán". http://boliviaminera.blogspot.com/2010/09/informe-preliminar-del-sergeotecmin.html
Según los cables filtrados recientemente por WikiLeaks de los que se hace eco El País (España), Irán busca uranio en Venezuela y Bolivia, al menos desde el 2006.
Más curiosa, sin embargo, resultó la noticia que Bolivia eligió a Irán para explotar el litio del Salar de Uyuni, próximo a los yacimientos de uranio de Los Frailes. Según la agencia gubernamental ABI, Evo Morales declaró que "Bolivia está consciente del amplio conocimiento científico de Irán para que sea socio del país en la industrialización del litio". Lo curioso es que no existe litio en Irán y tampoco, industria relacionada a él.
Otro de los memorandos firmados entre ambos países establece la creación de un banco irano-boliviano que deberá gestionar la línea de crédito y el préstamo de 200 millones de euros que Irán se comprometió a otorgar para impulsar una planta de lácteos, una textilera y una posible ensambladora de tractores.

Sistema de cálculo de la huella hídrica del uranio para fabricación del ‘yellow cake’ (cifras para Los Frailes)

Para calcular la huella de agua del uranio (azul, verde y gris, directa e indirecta), la sumatoria debe contemplar:
Agua subterránea perdida-evaporada durante la remoción de tierras con explosivos: 5% de la cuenca endorreica
Agua utilizada para la lixiviación: 205 millones de litros / minuto.
Agua utilizada para separar otros metales de interés que decantan con el uranio tras la lixiviación: igual cantidad que para lixiviar uranio, 205 millones de litros / minuto.
Agua utilizada en los diques de colas: 518.000.000 de litros.
Aguas subterráneas contaminadas por filtración del dique de colas.
Agua superficial contaminada durante el proceso de explotación.
Aguas subterráneas y superficiales contaminadas por los residuos nucleares.
Aguas contaminadas por residuos líquidos (próximas a los yacimientos y las que transportan los residuos líquidos hasta lugares lejanos).
Aguas azules y verdes contaminadas por el polvillo radiactivo transportado por acción eólica.

La huella de agua de una nación

Es la cantidad total de agua que se utiliza para producir los bienes y servicios consumidos por los habitantes de la nación.
La huella hídrica de una nación tiene dos componentes. La huella interna, es decir, el agua usada en el país para producir bienes y servicios consumidos por la población nacional y la huella hídrica externa de un país es el volumen anual de agua utilizado en otros países para producir bienes y servicios que son importados y consumidos en el país considerado.
De este modo surge otro concepto importante: “el agua virtual”, acuñado por Allan, que se refiere al agua que viaja por el mundo a través de los productos exportados e importados.

Algunas cifras

Para producir un kilogramo de carne vacuna, se precisan 16 mil litros de agua; para una taza de café, 140 litros. La huella hídrica de China es de unos 700m3 (metros cúbicos) por año per cápita; la de EEUU, 2500m3 por año per cápita. Japón, con 1150m3 por año per cápita, tiene alrededor de 65% de su huella total de agua fuera de sus fronteras. Las cifras, por cierto, solo expresan promedios globales dónde mucho depende de qué tipo de agricultura o ganadería se practique, etc.
El Deber – Santa Cruz

miércoles, 2 de febrero de 2011

Bolivia: El presidente Evo Morales anuncia una nueva ley minera


El presidente boliviano, Evo Morales, anunció la presentación de una nueva Ley Minera, que antes de ser enviada a la Asamblea Legislativa para su aprobación, será consensuada con obreros del sector.
De acuerdo con el dignatario, la norma podría ser entregada al parlamento la próxima semana, pero antes el texto deberá contar con el criterio de los trabajadores del subsuelo.
En la inauguración del XXI Congreso Ordinario de la Federación de Cooperativas Mineras (Fencomin), Morales demandó a los movimientos sociales una mayor participación en los debates del proyecto.
Al mismo tiempo, precisó que el Ejecutivo otorgará mayores recursos al sector cooperativista, como parte de la estrategia de consolidación de la economía boliviana
En su comparecencia, Morales recordó que por primera vez en su historia la nueva Constitución Política del Estado de 2009, reconoce los derechos de los cooperativistas.
La nueva Ley Minera definirá que una parte de las utilidades que obtienen las empresas privadas sea reinvertida en territorio nacional.
Actualmente, las compañías privadas extranjeras remesan sus ganancias a sus países de origen. En Bolivia operan firmas de Estados Unidos, Canadá, Japón, Australia e India.
La norma también impulsará el proceso de industrialización.
Por otra parte, incluye la figura de la consulta a los pueblos indígenas antes de la realización de un proyecto de minería.
Según explicó el ministro del ramo, José Pimentel, en el país andino la minería moderna debe ser eficiente, rentable y responsable.

domingo, 30 de enero de 2011

Bolivia: ¿Qué significa mandar obedeciendo?

Por Rafael Bautista S.
27 de enero, 2010.- La pregunta es necesaria ante la confusión gubernamental (que escuda sus dislates en algo que enuncia pero no comprende); no se trata de desvivirse por ella sino de la urgente necesidad que tenemos de remontar esa confusión gubernamental en clarificación popular; porque el mandar obedeciendo señala un nuevo modo de ejercer el poder.
Si el poder es la categoría fundamental de toda política, de lo que se trata, en definitiva, es de proponer un paso trascendental: de la política moderna de dominación a una política de liberación (de toda pretensión de dominación). Proponer una nueva política significa transitar hacia ella; no se trata de una mera invención teórica sino de la transformación histórica de la propia praxis política. Por eso aparece la confusión, porque si no hay tránsito, no hay modo de señalar, menos de exponer, lo que no se ha transitado. Por eso hablan de lo que no saben. Si el concepto no ha hecho carne, ese vacío no puede llenarlo la fatua erudición; si la propia existencia no ha hecho el tránsito hacia lo nuevo, entonces la recaída se hace inevitable.
¿Por qué la política económica del gobierno no va más allá de lo que critica? Es fácil calumniar un modelo pero, si no se produce una crítica real, de nada sirve arrojar piedras hacia aquello que persiste en uno mismo; en este caso, la ingenuidad repite hasta la lógica de aquello que supuestamente critica: ante la complejidad de todo problema opta por el puro simplismo de reducir toda opción a la más usual (a esto se llama adicción: realizar una y otra vez la misma operación creyendo que alguna vez saldrá un resultado distinto; por más que se diga que se trataba de una adecuación de precios, era un gasolinazo y la respuesta popular no podía haber sido distinta).
Todos critican al neoliberalismo pero no saben salir de su lógica; algo similar sucede con el gobierno: despotrica contra el capitalismo pero no sabe hacer otra cosa. ¿Por qué? Porque no se trata de cambiar de camiseta; se trata de transitar efectivamente hacia ese más allá que se anuncia (el que no cree no transita y se condena a defender lo ya establecido, se vuelve inevitablemente conservador). Por eso lo de proceso no es pura retorica, y la descolonización no consiste en darle la espalda al presente (sino sacarlo de la inercia homogénea del tiempo matemático), o privarnos de futuro.
El asunto, en definitiva, es: ¿cuál futuro? El capitalismo ofrece un futuro, ese futuro es el producido por el modelo de vida que presupone: la modernidad. ¿De qué tipo de futuro se trata? El futuro de la modernidad es el mito de la ciencia moderna: el progreso infinito (donde todo es posible, hasta la vida eterna). Ese mito lo comparten derecha e izquierda, capitalismo y socialismo; por eso no era de extrañar que neoliberales y gobierno coincidan. En el fondo todos están de acuerdo con ese mito: que en el futuro (siempre postergado) todo lo prometido será cumplido, sólo basta sacrificar el presente. La creencia en ese mito conduce siempre a sacrificar todo presente por un futuro que nunca llega, por eso el sacrificio nunca termina. Pero si sacrificamos el presente no aseguramos ningún futuro; por privarnos el pan de hoy puede que no lleguemos a ningún mañana.
El gasolinazo seguía la misma lógica: para tener más dinero debemos sacrificar a los que nunca tienen, prometiéndoles lo mismo de siempre. “Hasta el agua cuesta más barato que la gasolina”, decía el vicepresidente. Pero, ¿quién pone esos precios?; no es el pobre, es el mercado, y ¿qué hace el gobierno?: quita la subvención a la gente y subvenciona al mercado internacional, con el hambre de los pobres. Eso se llama transferencia de plusvalor, de la periferia al centro. ¿Cómo se logra eso? Las nuevas ganancias de las petroleras son las que median esa transferencia.
El mito del progreso infinito es el mito del mercado global; el mundo moderno está diseñado para eso, para reducir los sueños de la humanidad a los sueños del mercado. Nivelar los precios quiere decir que nadie, a excepción del mercado, puede establecer el valor de todo: la gasolina vale más que la vida humana (definición moderna de humanidad: tener auto). Por eso el mito congrega a sus devotos (aunque se digan defensores de la Madre tierra) y los lleva a perseguir el mismo desarrollo que nos condena al subdesarrollo. Desarrollarse a la moderna es iniciar un proceso de industrialización salvaje y destructor; la integración vía carreteras fomenta también el parque automotriz y la consecuente demanda de gasolina; ahora bien, si no contamos con ese recurso, una verdadera planificación debiera tener en cuenta eso, antes de promover un futuro suicidio económico. Por eso los paliativos no eran tales; se diseñó la medida sin medir las consecuencias, como suelen hacer los que viven de espejismos. Aunque se digan anticapitalistas, siguen siendo desarrollistas, por eso el acuerdo con los neoliberales; ambos coinciden en aplicar el gasolinazo, sólo discutían la forma.
El mito del progreso infinito se traduce en la economía moderna hasta en sus dos polos opuestos: en el capitalismo se trata del equilibrio del mercado perfecto, en el socialismo la planificación perfecta. El perfil de ambos se prescribe desde aquella previa abstracción que realiza, previamente, la ciencia moderna: el progreso infinito es sólo posible abstrayendo la vida del ser humano y la naturaleza; es decir, sólo vaciándolos de realidad y vida es que puede postularse una ilusión semejante. ¿Cómo puede postularse un progreso infinito sabiendo que los recursos naturales y el trabajo humano no son infinitos? La explotación insensata tiene su justificación en ese mito. Lo cual lleva a la degeneración de la economía moderna: de ciencia que estudia la sostenibilidad de la producción y los recursos, a mero arte del lucro y la codicia (para que no digan que es sólo asunto de indios, hasta al mismo Aristóteles ya le preocupaba que la oikonomie degenere en crematisitike).
Desde que la economía confunde sus propósitos, aparecen las distorsiones; se origina la ciencia de los negocios: la economía persigue tasas infinitas de crecimiento, por eso privilegia criterios abstractos como la tasa de ganancias, equilibrios fiscales, estabilidad macroeconómica, etc. La cuestión es: ¿se puede vivir con eso?, es más, si nos proponemos la justicia y la igualdad, esos indicadores, ¿son racionales? Amartya Sen lo pone de este modo: mal se habría desarrollado una economía que aunque poseyera índices positivos de crecimiento no hubiera realizado su ideal de vida buena.
Si el ideal es el vivir bien y la economía que adoptamos no realiza aquello entonces esa economía no sirve para vivir. La réplica diría: no es posible ahora pero mañana sí. Esa réplica confirma el mito; el futuro es siempre aplazado en la infinitud del tiempo abstracto, por el cual todo presente debe ser sacrificado. La modernidad viene prometiendo realizar los más grandes sueños de la humanidad desde hace cinco siglos; en nombre de estas aspiraciones nos conduce al actual callejón sin salida que padece la humanidad: la múltiple crisis civilizatoria que agudiza la muerte del planeta y de toda la vida. Se trata de una racionalidad irracional que sólo sabe destruir para producir; por eso se trata de una racionalidad que es imposible de superar si es que no se ha salido, lógica y existencialmente, de ella.
Por eso no es nomás calumniar al capitalismo (los que cambian de bandera son casi siempre los más gritones). La crítica verdadera no es producto sólo del descontento sino de la esperanza de generar alternativa, y hay ésta porque lo que no hay ahora (la utopía que se persigue) pone en su verdadero lugar a lo que hay (la injusticia, que ya no es eterna sino se hace histórica, o sea, posible de ser superada). Aparece el pensamiento revolucionario, no sólo proponiendo lo que no hay sino manifestando su posibilidad; el conservador defiende sólo lo que hay y por defenderlo se somete a lo dado. Por eso tiene poca capacidad imaginativa.
Lo que no puede atravesar existencialmente es imposible que siquiera lo exponga teóricamente. No ha vivido aquello, por eso lo que dice es pura demagogia que ni él mismo cree. ¿Cómo proponemos una nueva economía? Sin una descolonización previa eso es imposible; descolonización aquí quiere decir desmontaje y desmantelamiento total. Porque la dominación no es sólo discurso sino, más que una lógica, una racionalidad que origina un conocimiento pertinente para su propio desarrollo.
¿Por qué hay gasolinazo?, y lo más grave: ¿por qué se presenta inevitable?, ¿por qué parece no haber alternativas? El circo mediático que provoca la derecha no ayuda a entender el asunto, porque ella es la primera enceguecida por el fetiche que ahora parece hacer nido en el propio Estado plurinacional: el mercado global. La curiosa confluencia de gobierno y oposición (pues ambos coinciden en la medida) muestra ya la ausencia de alternativas que se propina el propio gobierno al someterse a las reglas del mercado global. Lo triste de este sometimiento es que no se produce por ausencia de legitimidad popular, recursos estratégicos, ventajas geopolíticas o activos ideológicos (comparables al 52, lo señalado supera cualitativamente la base material de la revolución de abril).
No sólo las condiciones contextuales sino políticas, históricas y subjetivas son, otra vez, envidiables, pero se las rifa desde la más ingenua tozudez academicista de continuar interpretando un proceso descolonizador desde la misma perspectiva euro-norteamericano-céntrica, es decir, colonial, es decir, moderno-occidental. Se trata de esta aporía: mirarnos, en el proceso de nuestra liberación, siempre con los ojos del dominador (que tenemos adentro, bien instalado). Por eso el Estado plurinacional se diluye, otra vez, en una reposición del Estado moderno-liberal-colonial, con su cara actual: el proyecto autonómico.
Por eso el gobierno sólo puede concebir un Estado plurinacional autonómico y jamás un Estado plurinacional comunitario. La diferencia es cualitativa para aquel que verdaderamente abandona el Estado colonial. Por eso se trata de transitar; no de un tránsito cualquiera sino el tránsito de una forma de vida a otra. La política trata de eso: de proponernos un nuevo modo de vivir en común. Eso es lo que hace a un proyecto revolucionario. La reforma autonómica no hace más que performativizar el Estado liberal; una reforma que en ningún caso es revolucionaria, por eso su modelo es a la española, belga o canadiense; es decir, sigue siendo ajeno y nunca deducido de nuestra propia historia y nuestras propias contradicciones. El que no sabe ser libre opta, hasta en su liberación, por el modelo de su antiguo patrón; por eso no cuestiona ni la irracional distribución territorial colonial. Si quisieran atacar de fondo el carácter feudal del oriente boliviano tendrían que empezar por eso; pero en una visión colonial, la herencia republicana no se objeta sino se la sacraliza.
La falta de alternativas proviene de aquella sumisión; se trata de una apuesta también teórica: el que parte de lo dado deviene en conservador (aunque se haga guerrillero). Y como todo conservador, su apuesta consiste en la estabilidad, en el retorno al orden establecido (como en el futbol boliviano, mete un gol a los 10 minutos y se repliega defensivamente esperando el milagro del minuto final); jamás se propone el salto, por eso no lo piensa. Si piensa sólo lo posible entonces se condena al orden de lo establecido y, en economía, ese orden, es el orden del mercado global capitalista (su única preocupación consiste en: ¿cómo ingresar en él?).
También es conservador porque cree que la derrota del enemigo es militar o política, y no se da cuenta que la dominación no es sólo política o económica sino también cultural y hasta financiera. Su ceguera no proviene de su mala voluntad sino de su ausencia de horizonte; vive cuestionando el capitalismo pero, en el fondo, no sabe hacer otra cosa que reproducirlo; propone un mundo nuevo pero sigue viviendo el viejo; habla de un nuevo Estado pero sus nuevas leyes no cuestionan su fundamento colonial.
El año pasado, de modo aleccionador, Boaventura de Sousa (pensando el golpe suscitado en Ecuador) reflexionaba a nuestro vicepresidente sobre la contradicción inherente en el Estado: el Estado que piensa que lo conservador está fuera de él es, precisamente, el Estado liberal. Es decir, un Estado que piensa de ese modo, no ha salido de la relación sujeto-objeto y devalúa al pueblo a mero objeto de la política que, como patrimonio exclusivo del Estado, reproduce la dominación que pretende superar; no sólo porque actúa desde arriba sino porque al devaluar al pueblo devalúa la misma política.
Entonces no hay cambio; no puede haber obediencia a un objeto. El pueblo se reduce a mero obediente y la política a mera administración, es decir, se tecnifica. Por eso el constante retintineo: “precisamos técnicos”, “es que es cuestión técnica”, etc. Ponerle cortinas a un dormitorio es cuestión técnica, pero construirnos una casa ya no lo es; y si se trata de la casa grande, con mayor razón. La construcción de una nación y, por ende, de su Estado, no puede reducirse a mera técnica. Porque de lo que se trata es de construir el sentido de nación y, en consecuencia, el contenido del fundamento del propio Estado. El que cree que estas cuestiones son inventar el agua tibia es aquel que no es consciente de la colonialidad de los presupuestos de los cuales parte, pues precisamente estos le dicen: si ya todo está dicho. El problema es: ¿quiénes lo han dicho?; europeos y norteamericanos; es decir, todo lo han dicho los que nos dominaron y, ¿qué se deriva de lo que han dicho?: que la única alternativa es la de ellos. La colonización es tal que, ahora que está el primer mundo en crisis multiplicada, ¿cambia en algo la visión del colonizado? No. Ahora él mismo se ofrece como garante de la recuperación del primer mundo, aun a costa de la propia vida de su país.
El gasolinazo tiene ese contexto. El gobierno se mete en un callejón sin salida por un pésimo asesoramiento económico-financiero. Las transnacionales hidrocarburíferas no son un apéndice autónomo del mercado global (por eso las lecturas unilaterales, hoy en día, están conduciendo al fracaso político de procesos de liberación) y la penetración de las lógicas neoliberales no son tan obvias como se cree ingenuamente; porque las petroleras, el capital financiero, los organismos multilaterales, la banca privada internacional –quienes se vinculan en la intimidad de lo profundo de la estructura económica mundial– son determinaciones funcionales del mercado global que, para su recomposición, no sólo precisa de nuevos y mayores recursos para su expansión sino, lo que es más peligroso, precisa destruir toda alternativa que muestre ser posible y sostenible de ser realizada. Si alguna posibilidad se sostiene de modo real, se desmorona el totalitarismo actual del mercado global; por eso la guerra financiera que desata la banca anglosajona. El paulatino copamiento de la visión financierista en el gobierno muestra la pérdida paulatina del horizonte de descolonización en el ámbito de la economía. Basta que un componente financiero ligado a la acumulación global ingrese en el Estado, para que todos los demás anden como Pedro por su casa.
En su informe anual, el vicepresidente señalaba que eran falsas las acusaciones de capitalismo de Estado; según él, capitalismo significa acumulación y no hay sector o clase en el Estado que esté acumulando para sí capital. Como la discusión política ha degenerado tanto (gracias sobre todo a los medios), se trata de una respuesta de manual a una calumnia de mercado; porque ni la denuncia busca la verdad, sólo la venganza, ni la respuesta ofrece comprensión, sólo porfía. En esa discusión, entre gobierno y oposición (del dime con quién te acuestas y te diré a qué hueles), que tanto festejan los medios y a la cual cae como corderito un gobierno que no atina a desembarazarse de esa mediación perversa que provoca la mayor parte de desencuentros hasta nacionales, se pierde el ámbito de discusión propiamente política, la que debería generar un proceso de las características del boliviano: si hay un cambio de época, ¿cómo describimos la nueva época a la cual se abre, no sólo Bolivia, sino el mundo entero?
En ese sentido, el asunto de la acumulación debe analizarse desde otros ángulos. Es cierto que no hay acumulación personal o corporativa directa, pero al establecerse criterios mercadotécnicos para evaluar el crecimiento de la economía, lo que se hace es pretender medir las expectativas reales con indicadores falsos. Todos los indicadores macroeconómicos no son inocentes y todos responden al desarrollo y crecimiento del capital global, estos miden cómo nuestras economías, fieles a un sometimiento estructural, continúan transfiriendo plusvalor al capital central global, ahora financiero.
Lo que no se da cuenta el vicepresidente es que el Estado plurinacional ahora acumula capital no para sí sino para el mercado global, o sea, continúa transfiriendo la sangre de nuestro pueblo objetivada en capital para el apetito del Moloch que hablaba Marx (del ídolo moderno al cual se sacrifican millones de vidas para inflar sus ganancias). La transferencia, hasta de modo inocente, se hace en las tan aclamadas reservas. Se sigue alimentando una moneda (el dólar) que, como el vampiro, vive de chupar sangre ajena para seguir viviendo. Tal vez nunca le dijeron a nuestro presidente que nuestros intereses son menos de los usuales, por los dislates de los neoliberales; pues de ganar mejores intereses en otras instancias financieras, resulta que nuestras reservas apenas reciben un 0.25% anual en la banca anglosajona ligada estrechamente a intereses espurios en el petróleo y la producción de armas. No vaya a ser cierto aquella fábula religiosa: dinero maldito no produce felicidad (agregaríamos: la liberación se corrompe por el uso que se le asigna a lo ganado).
Como se acumula para el mercado global, entonces se trabaja para costear, otra vez, la dominación estructural; si no podemos hacer uso de nuestro dinero y sólo lo tenemos como garantía entonces nos sometemos al crédito internacional (en el caso de la CAF pagamos los créditos a razón de 8% anual). La lógica de la deuda penetra, esta vez, en el nuevo Estado. Nunca se es sujeto de deuda como cree ufanamente el presidente; la deuda, en el mundo moderno, es lo que devalúa la condición de ser sujeto, porque se trata de una lógica que desarrolla la dependencia sistemática de los países pobres, imposibilitando toda pretensión de soberanía, porque con el crédito no sólo entra dinero sino las condiciones para la reproducción de éste en capital global. El primer mundo introduce en los créditos nuevos procesos de acumulación para maximizar los componentes orgánicos del capital financiero global; ante la crisis financiera y la ausencia de liquidez en la banca privada internacional, ésta se recompone mediante la transferencia de plusvalor, ya sea como intereses de deuda y como incremento en las reservas (siempre en dólares).
Nuestra pretendida independencia económica se desdice por la transferencia sistemática que se hace de soberanía; es decir, recuperamos lo nuestro para devolverlo de nuevo a los mismos ladrones. La soberanía no se queda con nosotros sino la transferimos al dólar, que se recupera a costa nuestra. Nuestra servidumbre se hace voluntaria, la condición colonial parece nuestra segunda naturaleza. El imperio ya no necesita invadirnos; solo precisa ingresar, vía crédito internacional, financiando –y muy bien– la reposición del Estado liberal moderno (que se llame o deje de llamarse plurinacional no le preocupa; con tal que restablezca su carácter dependiente, hasta puede honrar al indio por semejante vuelta a la normalidad).
El Estado se recompone literalmente, por eso la disputa de los ministerios acaba con la primacía del sector financiero, los autores del gasolinazo: si la planificación es macroeconómica financiera, no hay economía plural, menos Estado plurinacional; si este sector abre el Estado a las condiciones que pone el crédito internacional, permite el ingreso de toda la lógica neoliberal, por eso no es de extrañar el argumento reiterativo: para justificar el plan económico se escudan en la econometría del Banco Mundial. La ponderación no es gratuita: el gobierno lo hace muy bien, mejor que los neoliberales; pues los indicadores económicos positivos que nos muestran es para señalar lo bien que nuestra economía desarrolla la acumulación del mercado global y lo bien que se recompone nuestra dependencia estructural. Por eso tampoco es de extrañar que hasta el Evo ya se haya creído el cuento de “exportar o morir”.
Uno de los argumentos del gasolinazo es cierto, se trataba de privilegiar un sector, el agroindustrial; pero cuando el vicepresidente anuncia las medidas paliativas, extrañamente algunas compensan exclusivamente a este sector (como es la compra por parte del Estado –a precio internacional– de la producción que monopoliza el capital agroindustrial del oriente); y cuando después del gasolinazo surgen recién los consensos, uno de los interlocutores privilegiados es, de nuevo, el agroindustrial. El interés primordial de este sector es la exportación, su inclinación productiva se debe al mercado mundial, parte de esa lógica y se debe a ella, es decir, actúa según las reglas del mercado. Desgraciadamente esa lógica ya convenció al presidente; ahora, para él, la garantía para abastecer el mercado interno se deduce de lo que sobre de las exportaciones. Esta sumisión a las necesidades del mercado ya lo venía expresando, aunque de modo anecdótico, en su primera gestión: gobernar es hacer buenos negocios. Eso les abrió las puertas del Estado a los que piensan la economía como ciencia de los negocios; curiosamente apadrinados por quienes, en el gobierno, se creen socialistas.
Nada raro. Los marxistas que convirtieron al marxismo en una escolástica y a El Capital en un catecismo, acabaron con la política y, en su defecto, crearon una nueva secta (jacobinos declarados no supieron hacer otra cosa sino una nueva religión) que levantó nuevos ídolos a los cuales inclinarse: las leyes de la historia, la materia eterna, la visión científica de la vida, etc. Sin detenernos en todos estos disparates (que Marx nunca, es justo decirlo, difundió), basta señalar la incoherencia de una medida como el gasolinazo con toda la teoría que desarrolla Marx. Lo que llaman la adecuación de precios (de la gasolina y el diesel) es adecuación a los índices que establece el propio mercado; esto quiere decir, en lenguaje marxista, subordinación a las leyes que actúan a espaldas de los actores; si el mercado decide, entonces los seres humanos ya no son actores (y menos la naturaleza), lo que es peor, el mercado decide la vida y la muerte de los seres humanos. Esto es precisamente la denuncia al sistema de categorías de la economía política burguesa: el capitalista piensa que sin capital no hay nada, ni siquiera vida. Marx responde: el capital no es nada más que el robo que se le hace al trabajo vivo, es decir, el robo que se le hace a la propia vida, por eso dice, de modo categórico, el trabajo es todo. El fetichismo consiste en creer que sin capital (inversión) no hay nada. El trabajo es todo quiere decir: el fundamento del propio capital es el trabajo humano.
Una economía que parte del capital, de la inversión (por eso se somete a las condiciones de las petroleras), a costa de la vida de los seres humanos y a naturaleza, es una economía que privilegia los negocios, el crecimiento macroeconómico, las ganancias, y cuyas consecuencias son, en el mediano y largo plazo, la muerte de todos y de todo. Cuando el gobierno sale en auxilio de las petroleras y se propone cortar la subvención para promover la inversión, lo que hace es subvencionar a las petroleras con el hambre de su propio pueblo; éstas arguyen que la producción de un barril de petróleo les cuesta más de 50 dólares, pero no dicen que este precio supera hasta la media internacional en diez veces (y tampoco, obviamente, señalan que ese precio sobreestima su verdadero costo, pues ese petróleo no es ni siquiera fruto del trabajo de exploración de las petroleras sino del desmantelado YPFB en el periodo neoliberal; aun vendiendo a 27 dólares el barril sacan considerables ganancias, pero si su interés es el mercado global, se entiende que nuestra gente les importa poco y esto parece transferirse al gobierno cuando estipulan la lógica de las ganancias –de las petroleras– como indicador exclusivo de crecimiento en ese rubro).
Ahora bien, si el diagnóstico fuera más sensato, la medida se inclinaría a cobrar a PETROBRAS los líquidos que van contenidos en el gas y que los brasileros reciben gratis (ya hay diversos análisis que señalan que la supuesta recuperación de más de 300 millones de dólares del contrabando que pretendía el gasolinazo, queda corto frente a la recuperación de más de 700 millones de dólares que se obtendría cobrando a los brasileros los líquidos; es decir, hablando de subvenciones, se pretende dejar de subvencionar al mercado interno pero se subvenciona a PETROBRAS lo que después ellos separan en suelo brasilero, acrecentando ganancias extraordinarias).
En definitiva, el asunto no es subvencionar o no sino: bajo qué criterio subvencionamos a tal o cual sector de la economía. Los gringos subvencionan su producción agrícola, y el primer país capitalista, Inglaterra, empezó subvencionando su producción para después abrirle las puertas a la exportación masiva de ella. Si hasta en China los carburantes se hallan subsidiados; esto quiere decir que la protección de la economía nacional pasa por desacoplamientos sistemáticos de las reglas del mercado global; lo contrario, articularse demasiado a estas, es lo más suicida. En eso consiste, entre otras cosas, el éxito de las economías asiáticas; uno no es nunca independiente del todo, es independiente en la medida en que es consciente del grado de dependencia que tiene (la dependencia no es nunca unilateral, por eso las desventajas actuales se pueden hacer ventajas futuras), por ello el manejo de la economía no puede ser técnico sino político, porque se trata de desestructurar sistemática y paulatinamente los componentes orgánicos de la dependencia. La técnica es sólo la deducción hasta mecánica de principios ya establecidos; pero si nuestro objetivo es proponer algo nuevo, ¿cómo podemos subordinarnos a indicadores ya dados y establecidos por la economía capitalista neoliberal? Si todo asunto es sólo técnico, entonces no hay nada nuevo para hacer, sólo repetir lo que ya había. El conservador se esfuerza disciplinadamente en mantener a toda costa lo establecido, es su dogma de fe.
No se transita a una nueva política por entusiasmo o buenas intenciones; no se produce como derivación de un dogma, tampoco se trata de un cambio automático. Se trata, en efecto, de un tránsito. Por eso siempre se insiste: el cambio es un proceso. El proceso nuestro tiene su referencia concreta: es un proceso de descolonización. Se trata de un tránsito que ya no es sólo lógico sino existencial.
El sector intelectual del gobierno se esmeró tanto en vaciar aquella legitimidad lograda el año pasado que, en tiempo record, no sólo socavaron la confianza nacional sino que, de modo hasta dramático, no hallan mejor remate que replicar aquello que tanto critican: el modelo neoliberal. El carácter financierista que iba adquiriendo la política económica no era accidental, sino que respondía a la incapacidad de transitar hacia una nueva economía más allá del capitalismo. Cuando Zavaleta decía que la creencia irrenunciable de la casta señorial consistía en su juramento de superioridad sobre los indios, “aun con marxismo o sin él”, se refería a esta incapacidad; por eso habla de “paradoja señorial”. Esto quiere decir: el retorno al origen de clase; el que es incapaz de transitar hacia lo nuevo se devuelve, inevitablemente, a lo que siempre fue (y se junta con los de su misma condición). Por eso: el poder no cambia a la gente sino muestra lo que verdaderamente es.
En Bolivia, el origen de las clases es la disolución de la comunidad en atomización individual; es decir: para que aparezcan las clases debe desaparecer el proyecto de nación (y las naciones que podrían formular semejante proyecto). Desaparece como proyecto porque desaparece su contenido hasta cultural; lo plural se reduce a la diferencia numérica, lo que queda es el ciudadano, que vale por lo que tiene. El Estado es señorial porque sólo los señores tienen; es colonial porque el señorío es sólo aparente (la paradoja boliviana no sería la de un burro cargado de oro sino la de un burro que se cree señor).
¿Por qué la recaída? Porque al no haber transito existencial no hay posibilidad de advertir alternativas. Sólo aparecen las alternativas cuando se ha salido, de modo efectivo, de lo aparentemente inevitable. De lo contrario nos condenamos a, lo que llama Hinkelammert, las fuerzas compulsivas de los hechos. Si la política es el arte de lo posible, en la visión del conservador, el arte se vuelve pura técnica, es decir, derivación de lo establecido. Es conservador porque se somete, según Marx, a leyes que actúan a espaldas de los actores. Entonces desaparece la política y se convierte en pura administración de la economía convertida en ciencia de los negocios. Lo posible ya no es posibilidad sino sólo lo admisible por lo establecido.
Lo establecido es el viejo orden financiero unipolar, que trata de sobrevivir a su crisis produciendo nuevas sangrías en los países pobres. Por eso se dice, y con razón: una verdadera liberación nacional pasa por una liberación financiera. Optar por el gasolinazo no era más que seguir leyendo el siglo XXI desde el siglo XX. Los colonizados son los que viven en el pasado; incapaces de transitar hacia lo nuevo, sólo saben aferrase a lo viejo.
Si la constitución de un nuevo Estado parte de las necesidades del viejo Estado, entonces no hay constitución sino reposición; ello teóricamente apuntaba a un nuevo termidor, esa era la conclusión de un jacobinismo criollo. Lo débil o lo fuerte son cuitas del Estado colonial, no tienen por qué serlo de un nuevo Estado plurinacional. Pretender un Estado fuerte es, básicamente, diluir la hegemonía en dominación pura. Nuestro vicepresidente, fiel a su weberianismo más ortodoxo, no concibe otra forma de ejercer el poder sino constituir al pueblo en obediente. Pero, de ese modo, la política se devalúa; si sólo hay obedientes no hay actores y si no hay actores no hay legitimidad alguna. Sólo después de lanzada la medida se acordaron que había que consultar al pueblo.
Proponer una nueva política pasa por desmontar la concepción del poder que tiene la política moderna que, en Weber, tiene su postrera expresión: la dominación legítima ante obedientes. Pero no puede haber dominación legítima, es una auto-contradicción performativa. Tal obediencia no produce legitimación; si la dominación produce obedientes no es nunca obediencia libre. Si hay sólo obediencia (pasiva y sometida) no hay libertad. Si no hay libertad hay dominación. Por eso: toda dominación es ilegítima.
Cuando hay dominación hay, lo que suele llamar nuestro vicepresidente: expropiación de la decisión. Pero si ésta es expropiada entonces no hay “mandar obedeciendo”, hay “mandar mandando”. Cuando el pueblo ya no es sujeto de decisión, el pueblo es devaluado como objeto. Cuando la política se expresa en la relación sujeto-objeto, el sujeto, o sea, el político, debe previamente vaciarse de toda relación con lo ahora constituido como objeto, o sea, el pueblo. Por eso, al expropiarle su capacidad de decisión, le expropia su capacidad de ser sujeto. Por eso el político ya no escucha y se vuelve autorreferencial; tampoco se hace sujeto. El político de la dominación siente una profunda desconfianza hacia su pueblo; por eso, una vez en el poder, ya no le consulta. Dice que quieren copar el Estado pero, para evitar eso, no genera procesos de democratización al interior de las organizaciones, sino que pacta con sus dirigencias (para imponer medidas); es decir, fomenta, él mismo, la corrupción que critica.
Vociferar contra el capitalismo es fácil. Lo que ya no es fácil es salir de su lógica; pero sólo comprendiendo y atravesando su lógica es que podemos salir de él. Pero salir lógicamente quiere también decir: salir existencialmente. Por eso la pura retórica no sirve; de eso está lleno el marxismo del siglo XX (los izquierdistas criticaban al capitalismo, pero no sabían hacer otra cosa sino replicarlo). Para superar la lógica del capital hay que atravesarlo, lógica y existencialmente, y la ortodoxia marxista, en ello, fue desastrosa; diluyendo la obra de Marx en una escolástica no hicieron más que crearse una nueva religión que escupía a todos los dioses.
El neoliberalismo y el posmodernismo justificaron aquello: vivir sin dioses es no creer en nada, menos en un mundo más justo, por eso, lo único que resta, es administrar, del mejor modo, lo que hay: dorar la dominación y edulcorar la injusticia. Por eso no dudaron en cambiar de bando y, aunque les cueste creer, lo que hicieron fue otorgarle la legitimación que siempre precisó la burguesía, en todos lados: brindarles las banderas de los oprimidos, en bandeja de plata. Por eso no es de extrañar que los asesores gubernamentales sean marxistas trasnochados que, al modo de los vampiros, sólo saben vivir en la noche de sus nostalgias, pues en el día, en el jach’a uru, el gran día que ha llegado, no saben ver nada sus ojos ciegos.
¿Qué significa mandar obedeciendo? Su significación es el contenido que emerge del tránsito hacia un nuevo modo de concebir la política y, en consecuencia, de producir y crear una nueva praxis política. Significa constituir al pueblo en sujeto. Pero esta constitución no se la realiza desde el Estado sino que el Estado se transforma en la mediación institucional para la constitución del propio pueblo en sujeto.
Es algo que el propio pueblo debe de también saber atravesar; porque el pueblo también se puede dejar arrastrar por la inercia de las leyes que actúan a espaldas de los actores; es cuando cree que la delegación de poder que ha producido acaba con su propio poder, cuando espera que el futuro llegue sin proponerse producirlo. No es sujeto porque no sabe ser sujeto y, en consecuencia, no actúa como sujeto. Por eso, si en el proceso aparece la recaída, se trata de una recaída también en el propio pueblo, en el proceso mismo de su constitución; en el creer que lo logrado lo es todo y no una parte de su propia acumulación como historia contenida, comprendida y realizada, esto es, que la autoconciencia lograda sea productora de historia propia.
“Ahora es nuestro tiempo” quiere decir: subordinar el tiempo de las cosas y las mercancías al tiempo verdaderamente humano. Vivir la política y la economía de modo humano. No hay humanidad sin naturaleza, por tanto, recuperar nuestro ritmo es recuperar el equilibrio. Si no hay diálogo en nuestras vidas es porque no hay equilibrio; eso es lo que hay que producir. Obedecer ya no es bajar la cabeza sino significa sintonizarse con el ritmo de la vida que fluye humanamente en forma de dignidad. Ser sujeto es ser digno. Desde la dignidad uno concibe el mando como merecimiento y el obedecer como virtud. Por eso el verdadero líder es aquel que se resiste a serlo: si alguien es más humilde que yo entonces es superior a mí. El verdadero obedecer es el saber escuchar; si el pueblo es objeto no tiene sentido escucharle, pero si es sujeto, la primera condición de este reconocimiento es el saber escuchar su palabra interpeladora.
Mandar obedeciendo es sólo posible en una nueva forma de vida; una nueva forma que no se halla más allá de esta vida sino en ésta, pero de modo ausente. Pero su ausencia no la revela su no existencia sino la imposibilidad que tenemos de verla, aunque se halle ante nuestras narices. La verdadera vida no está en otra parte y el mandar obedeciendo no es otro poder sino el modo más realista de desplegar el poder. Poder no como propiedad sino como voluntad de transformación, el origen de toda política. Cuando la crítica superficial dice: quien pierde con el gasolinazo es el realismo político, no se pregunta lo que debería preguntar: ¿es realista el realismo político? (porque los supuestos realistas resultaron ser los más ilusos, pues ni siquiera supieron medir los tiempos y aplicaron un gasolinazo a un pueblo festivo en plena fiesta, algo imperdonable). No hay crítica sin autocrítica. Por eso el pueblo también debe de ponerse en el lugar de la crítica.
Pues todos aspiramos a una forma de vida que consiste en la acumulación sin fin de satisfactores de deseos infinitos; un deseo de riqueza que choca, inevitablemente, con los límites reales de la propia naturaleza. Todas nuestras demandas se reducen a mejoras salariales que compensen nuestra adicción al consumismo (si la producción se orienta por esta clase de consumo entonces cavamos nuestra propia tumba, generamos la lógica que nos destruye, pues nuestro poder se diluye exclusivamente en poder comprar mercancías que chorrean sangre humana y sangre de la naturaleza, propiciamos la explotación; por eso aspiramos a la riqueza y esta aspiración, cuando se hace motor del desarrollo, genera inevitablemente la miseria necesaria para satisfacer la insatisfacción absoluta: la codicia). La sociedad moderna se organiza según este patrón, es un conglomerado de interese individualistas dispuestos bajo el único interés de generar riqueza, por eso es un orden del desorden, cuyo único equilibrio consiste en el desequilibrio constante que produce la competencia generalizada: el hombre lobo del hombre (lo que pone la modernidad como lo anterior a la sociedad –moderna– resulta ser el modelo de vida de esa misma sociedad).
Por eso la alternativa real es el descreer de esa forma de vida, atravesar la forma de vida moderna hacia un nuevo modo de vivir. El modo de vida fundamentado en la riqueza nunca ha solucionado los problemas que la producción de esa misma riqueza ha generado. Cinco siglos de modernidad, tres siglos de capitalismo, casi medio siglo de neoliberalismo, no han sido nunca la solución de los problemas que ellos mismos crearon. Por eso la solución nuestra no es copiar el mismo desarrollo que nos condenó al subdesarrollo. La solución consiste en proponernos una nueva forma de vida más humana y más digna, cuya constante nunca más sea que la vida de unos cuantos signifique la muerte de muchos. Quienes transitan a esa nueva forma de vida tienen la autoridad que brinda el testimonio, porque esa autoridad emana de una purificación existencial, la purificación de toda pretensión de dominación. Por eso la obediencia recupera su carácter liberador. En la dominación la obediencia es pura sumisión; en la liberación no es tampoco insubordinación sino: el respeto sagrado a la dignidad absoluta del otro que no soy yo. Porque la obediencia es la consecuencia del escuchar verdadero. El verdadero político de la liberación es el servidor; el que se hace libre liberando, es decir, sirviendo, y sólo es capaz de servir el que sabe primeramente escuchar.
La Paz, 26 de enero de 2011
—
* Rafael Bautista S.es autor de “¿Qué significa el Estado Plurinacional” y “Hacia una constitución del sentido significativo del vivir bien” editado por Rincón ediciones. Su correo es: rafaelcorso@yahoo.com. Artículo recibido directamente del autor.

RECIBE INFORMACION EN TU MAIL

Si deseas recibir información mediante un sólo correo diario con resúmenes de lo publicado, manda un mail a norbercosta@gmail.com con tu nombre y la dirección de correo en la que deseas recibir la información.Una vez que seas miembro de la lista de correos de google MOVIDA AMBIENTAL, podrás leer e imprimir los mensajes que te interesen, podrás iniciar debates, publicar páginas y subir y bajar archivos

Campaña Nacional de Firmas por el NO a la Minería Química a Cielo Abierto
y la Minería Nuclear en todas sus formas

Los ciudadanos del territorio argentino decimos NO a la minería química con la modalidad a "cielo abierto" y a la minería radiactiva en todas sus modalidades (cielo abierto o por galerías).

  • Pedimos la nulidad y derogación de la Ley de Inversiones Mineras (Ley Nacional 24.196) y normas complementarias.
  • Exigimos la derogación y anulación por parte de la República Argentina del "Tratado de Integración Minero Argentino-Chileno".
  • Reclamamos el cierre definitivo y la recomposición del ambiente, según el art. 41 de la Constitución Nacional, de todas las minas abandonadas y aquellas que están funcionando y no respetan la ley general del ambiente (ley nº 25675).
  • Pedimos previa autorización expresa para la utilización de recursos hídricos compartidos de las poblaciones de las provincias potencialmente afectadas por un emprendimiento minero que se expresarán por referéndum y demandamos la participación de la autoridad ambiental nacional en caso de efectos ínter-jurisdiccionales.
  • Pedimos se respeten estrictamente los principios ambientales preventivo, precautorio y de sustentabilidad contenidos en la ley general del ambiente y la sanción de caducidad de las concesiones mineras en caso de incumplimiento.
  • Reclamamos la detención y prisión de los empresarios mineros que contaminan el medio ambiente con sus delitos y la misma condena para los funcionarios públicos cómplices.
  • Denunciamos los planes nucleares que se fomentan desde el gobierno y enriquecen a los empresarios mineros que desarrollan emprendimientos mineros radiactivos.
  • Reclamamos expresa "Licencia Social" y participación ciudadana real y efectiva previas a los procesos de autorización de actividades mineras.

¡Sí a la vida y a la dignidad! ¡No al saqueo, destrucción y contaminación!

¡Sumá aquí tu firma a este reclamo!